Internacional:
Cuando las empresas se acuerdan de ganar plata
Wall Street viene de una buena semana, empujado por balances mejores a lo esperado. La temporada del 1T ya está avanzada: 89% del S&P 500 reportó, 84% superó estimaciones de ganancias por acción (EPS) y la sorpresa positiva agregada ronda el 18%. Nada mal para un mercado que, entre tanto vértigo geopolítico y tanta épica tecnológica, todavía encuentra tiempo para recordar un detalle menor: las empresas tienen que ganar plata.
La foto, igual, no es pareja. Energía, materiales y semiconductores vienen liderando, mientras software empieza a mirar a la IA con mezcla de fascinación y pánico: ¿aliada, competencia o nuevo jefe con mejor margen operativo? De las siete grandes tecnológicas, solo falta reportar Nvidia el 20 de mayo, que será casi el examen oral del boom de IA.
¿Antivirus en período de prueba?
Pero no todo lo que brilla es Nvidia. El FMI advirtió que los nuevos modelos de IA pueden convertir el riesgo cibernético en un shock macrofinanciero. Si muchas instituciones usan los mismos proveedores y sistemas, una misma vulnerabilidad puede generar fallas simultáneas. En criollo: la eficiencia es maravillosa hasta que todos descubrimos que optimizamos exactamente el mismo punto débil. El futuro llegó, sí; pero conviene revisar que el antivirus no esté en período de prueba.
De Shock a ruido de fondo
Mientras tanto, el mercado parece haber aprendido a convivir con Medio Oriente. Se pricea una paz probable e imperfecta, asumiendo que nadie quiere volver a una guerra a gran escala y que Ormuz debería reabrirse gradualmente. Por eso logra digerir titulares militares ruidosos sin entrar en modo pánico. En la jerga de los operadores, el conflicto pasó de shock a ruido de fondo: sigue importando, pero ya no dirige la orquesta.
El detalle sabroso es la divergencia: las acciones parecen bastante más optimistas que el mercado de apuestas, donde Polymarket sigue mostrando escepticismo respecto de un acuerdo permanente rápido entre EE.UU. e Irán. Puede ser que la bolsa esté demasiado confiada, o que los apostadores estén subestimando el incentivo de todos a bajar un cambio. ¿y que pasa si tienen inside information? En geopolítica, no necesariamente todos quieren paz; los negocios pueden pasar por otro estrecho.
Cumbre con cubiertos filosos
El próximo gran evento a monitorear será en Beijing. La cumbre Trump-Xi prevista para esta semana concentra casi todos los condimentos: Irán, petróleo, sanciones, tarifas, semiconductores, tierras raras y Taiwán. China tiene una llave que Washington no tiene: es el gran comprador de crudo iraní y uno de los pocos actores con capacidad real de presionar a Teherán. Nada como llegar a una cumbre con todos los temas sensibles arriba de la mesa y algunos cubiertos afilados.
Traducción: Wall Street puede seguir bailando al ritmo de la IA y los balances, pero esta semana el DJ está en Oriente. Y cuando la música la ponen Trump, Xi e Irán, conviene disfrutar la fiesta, sí, pero sin alejarse demasiado de la puerta de salida.
🇦🇷 Local: Fitch nos asciende, Mercado Libre nos baja y el país entra en modo Mundial
Una Calificadora con buenos modales
Mientras afuera el mercado se acomoda a la paz imperfecta y se prepara para el examen oral de Nvidia, en casa bailamos al ritmo de nuestra propia música. Fitch elevó la nota soberana argentina a B-, la primera mejora de calificación desde 2018. El argumento: consolidación fiscal, acumulación de reservas y avance de reformas. Es decir, por una vez, una calificadora no nos miró como quien revisa un electrodoméstico usado sin garantía.
La duda razonable es si el resto de las agencias acompañará o si preferirá esperar a confirmar que esto no sea otro espejismo argentino. El movimiento se sintió en el riesgo país cerrando en 510 puntos, mínimos desde febrero. La pregunta sigue siendo si Argentina puede perforar los 400 puntos y volver a Wall Street en condiciones más o menos civilizadas. Con Ecuador y Bolivia colocando deuda esta semana, la región dejó la vara servida. Nunca es cómodo cuando hasta los vecinos con problemas nos recuerdan que también se puede pasar por la puerta principal.
El dólar duerme, los economistas no
En el frente cambiario, calma casi monástica. El dólar se mantiene quieto, pero los economistas empezaron a poner el dedo en una llaga conocida: Argentina está cara en dólares. Con el tipo de cambio real apreciándose, el costo de vida en moneda dura empieza a incomodar a exportadores, empresarios y turistas con memoria. Un muy buen indicador, será ver cuantos argentinos estarán alentando a la selección en este mundial…
El mercado todavía no se pregunta cuánto dura una calma sostenida con un peso que parece más fuerte que lo que la productividad permite. 2027 luce lejos, pero todos sabemos lo que pasa cuando se acercan años electorales: la economía empieza a hablar en voz baja y la política sube el volumen.
Aluvión de emisiones
A esa calma financiera se le sumó una verdadera avalancha de emisiones en moneda dura. La estrella fue CABA, que colocó USD 500 millones a 10 años al 7,325%, la tasa más baja de su historia y la mejor de un emisor argentino desde abril de 2018.
Banco Nación acompañó con un hito propio: USD 370 millones captados en su primera emisión de ON en más de 30 años. Por ahora salieron al mercado local. Un regreso prudente: empezar por casa antes de pisar Manhattan.
También desfilaron corporativos: Pecom, BBVA, Profertil, CEPU y Farmacity, que debutó en dólares a tres años cerca del 7,5%. En criollo: el mercado sigue pensando que prestarle a Argentina en dólares no es necesariamente un acto suicida. O, al menos, no esta semana. Todos quieren su tajada antes de que alguien apague la música.
Crecer más, valer menos
En equity argentino, la paradoja de la semana mientras YPF presentó el mejor primer trimestre de su historia, Mercado Libre mostró una caída en el margen operativo cayó 12,9% a 6,9%, y la utilidad neta se desplomó casi 50%. Resultado: la acción cayó cerca de 13% en Wall Street a pesar de las defensa de Galperin como “inversiones deliberadas para el largo plazo”. El problema es que el mercado, ese adolescente eterno con Bloomberg, quiere crecimiento, margen, crédito sano, expansión regional y rentabilidad inmediata. Todo junto, ahora, y preferentemente antes del cierre.
Michael Burry, el famoso inversor del Big Short en 2008, anunció tras el cierre que compró una posición en MELI en zona de USD 1.600, proyectando retornos anualizados del 15% a 15 años o más. Que el inversor más famoso por anticipar caídas se ponga long argentino justo cuando todos venden es, como mínimo, una buena historia para los grupos de WhatsApp del lunes. Aunque conviene recordar que Burry también es famoso por entrar temprano. A veces, demasiado.
La economía AM/DM
Finalmente está la otra agenda, la que de verdad manda en junio. A un mes del Mundial, Argentina entra oficialmente en modo AM/DM: antes y después del Mundial. Empiezan las figuritas, los álbumes incompletos, los grupos de WhatsApp donde alguien ofrece tres laterales derechos por un Messi, y esa liturgia nacional donde chicos y adultos comparten la misma ansiedad sin necesidad de explicarla demasiado.
“Me salió Messi” en Argentina vale más que un upgrade de Fitch. Es una unidad emocional de reserva. Algo parecido a cuando Colapinto remonta en la pista: por unos minutos el país suspende la discusión seria y se permite ese lujo tan escaso de creer.
Las mesas de dinero ya empiezan a reorganizar agendas alrededor de los partidos, los prodes circulan como research alternativo, y el Adornigate, el affaire Lemoine y las grietas de turno probablemente pasen a un freezer transitorio. Este país es así: una mezcla de pasión, irracionalidad y talento para sobrevivir a sí mismo. Identidad nacional.
Comprar Argentina, ese deporte de riesgo
Un país paradójicamente defaulteador serial y tres veces campeón del mundo, que produjo a Messi y al Plan Bonex, a Maradona y al corralito, a Fangio y al megacanje. Es genuinamente difícil ponerse en selectivo cuando el track record incluye tantas glorias deportivas como reestructuraciones soberanas. El mercado compra la historia, sí, pero el inversor experimentado sabe que en Argentina las historias suelen tener segunda parte, tercera y a veces hasta precuela. La diferencia entre comprar y enamorarse es justamente esa: el que compra, vende; el que se enamora, reestructura. Por ahora estamos en fase compra. Veremos cuánto dura el romance.




