10/08/2026 |
Economía y Mercados | Lunes 10 de agosto de 2026: Milei es lineal. 2027, aparentemente, no.
Muy buenos días, queridos tomadores de riesgo. Javier Milei dejó una frase interesante en una entrevista con Esteban Trebucq. Explicando por qué, según él, los analistas políticos suelen equivocarse al interpretarlo, fue categórico: “Yo soy lineal”. Probablemente tenga razón. Dice lo que piensa y, en términos generales, intenta hacer lo que dice. El problema es […]

Muy buenos días, queridos tomadores de riesgo.

Javier Milei dejó una frase interesante en una entrevista con Esteban Trebucq. Explicando por qué, según él, los analistas políticos suelen equivocarse al interpretarlo, fue categórico: “Yo soy lineal”.

Probablemente tenga razón. Dice lo que piensa y, en términos generales, intenta hacer lo que dice.

El problema es que la economía no comparte necesariamente ese rasgo de personalidad. La desinflación no es lineal. La política mucho menos. Y los mercados directamente hicieron de la sobrerreacción un modelo de negocios.

Afuera tampoco sobra tranquilidad

Estados Unidos sorprendió con una caída de 23.000 empleos en julio y desempleo en 4,1%, reabriendo la discusión sobre tasas justo cuando la inflación todavía no terminó de rendirse.

La geopolítica tampoco desapareció. Las negociaciones alrededor de Irán y el estrecho de Ormuz trajeron algo de alivio al petróleo, pero el equilibrio sigue siendo frágil.

No es un mundo hostil. Tampoco uno especialmente amigable para países que decidan agregar incertidumbre doméstica por cuenta propia.

2027 parece quedar cada vez más cerca

El riesgo país volvió a la zona de 450 puntos y los activos argentinos perdieron algo del entusiasmo de meses anteriores.

¿Cambió el programa económico? No.

¿Hay una crisis? Tampoco.

Pero quizás el mercado esté empezando a adelantar el trade electoral.

La última encuesta de AtlasIntel para Bloomberg, realizada entre el 30 de julio y el 3 de agosto, dejó números difíciles de ignorar: 37,1% aprueba a Milei y 62,4% desaprueba su desempeño. La evaluación positiva del Gobierno cayó a 30,1%, mientras que 54,7% lo califica como malo o muy malo. Además, 70% evalúa negativamente la situación económica del país.

A eso se suman preguntas que todavía no tienen respuesta: ¿habrá PASO? ¿Quién será el candidato opositor? ¿Puede Kicillof ordenar ese espacio? ¿Dónde encuentra piso la imagen presidencial?

El mercado no necesita concluir que Milei pierde para ponerse nervioso. Le alcanza con que aumente la cantidad de escenarios posibles.

La inflación dejó de colaborar

Y acá aparece el dato de la semana.

La inflación nacional venía de 2,1% en mayo y 1,9% en junio. El REM publicado el jueves mantuvo una expectativa de 2% para julio, pero esas respuestas fueron tomadas antes de conocerse nueva información.

Después llegó el dato de CABA: 2,9% en julio, contra 1,8% en junio. Un número malo, aun considerando el fuerte componente estacional.

Con esa nueva información, estimaciones privadas que circulan en el mercado comenzaron a recalibrar el IPC nacional hacia 2,2%-2,3%.

¿Es una catástrofe? Ni remotamente.

Pero 2,3% es distinto cuando venís de 1,9% y construiste buena parte del capital político alrededor de una inflación que baja.

El problema no son cuatro décimas. Es la pendiente.

Milei puede ser lineal. La desinflación, evidentemente, no tanto.

Estabilizar, sí. ¿Pero hasta cuándo?

A esta discusión se suma otra que Jorge Liotti planteó este fin de semana en La Nación: dentro del Gobierno empieza a aparecer una diferencia más de timing que de rumbo.

Caputo estaría mirando con mayor preocupación la debilidad de la actividad y sería partidario de darle algo más de aire al crédito, consumo y recuperación, aun si eso implica una desinflación algo menos veloz. Milei mantiene una prioridad bastante más lineal: primero la inflación.

No parece una discusión sobre el modelo. Es una discusión sobre cuándo pasar a la segunda pantalla.

Porque después de estabilizar viene la parte bastante menos sencilla: crecer sin volver a desestabilizar.

El viejo termómetro argentino

Y si hay algo que en Argentina transforma inquietud en nerviosismo rápidamente, es el dólar.

El mayorista cerró la semana alrededor de $1.500. Pero debajo de esa aparente calma hubo bastante más movimiento: a fines de julio, cuando el dólar amenazó con superar ese nivel, el Tesoro vendió US$145 millones. Y esta semana Bausili defendió públicamente esa intervención, con un argumento curioso: el Tesoro sería «un actor más» del mercado.

La señal fue clara: aunque el dólar flote dentro de una banda mucho más amplia, $1.500 parece tener por ahora una importancia que no figura en ninguna resolución.

Además, la plaza de pesos está cada vez más seca. El stock de repos a un día cayó a $0,82 billones a mitad de semana, el nivel más bajo desde febrero, limitando la capacidad de seguir absorbiendo pesos mediante ventas de bonos dollar-linked sin presionar todavía más las tasas.

En otras palabras: sostener simultáneamente dólar tranquilo y tasas bajas empieza a exigir algo más de malabarismo.

El BCRA compró apenas US$111 millones en toda la semana, la menor cifra de 2026: pasó de un ritmo de US$103 millones por rueda en julio a US$22 millones en agosto. Las reservas brutas cerraron en torno a US$49.455 millones.

A eso se sumó una curva de futuros mayormente al alza, señal de que el mercado empezó a pagar algo más por cobertura.

Nada dramático.

Pero en Argentina el dólar no necesita hacer mucho para llamar la atención. Es nuestro termómetro más sensible: a veces marca fiebre, y otras veces alcanza con que alguien crea que podría aparecer.

Esta semana: inflación, licitación y dólar

El miércoles 12, el Tesoro enfrenta una licitación con vencimientos cercanos a $10 billones: habrá que mirar rollover, tasas y, sobre todo, cuántos pesos quedan sueltos.

El jueves 13 llega el IPC nacional de julio. Si aparece ese 2,2%-2,3% que hoy empieza a circular en estimaciones privadas, no será una tragedia. Pero sí un dato bastante menos amable para un Gobierno que necesita que la desinflación siga haciendo campaña.

Y todos los días, un viejo conocido: el dólar. Spot, futuros, intervención oficial, liquidez y compras del BCRA. Porque en Argentina se pueden discutir modelos, encuestas y candidatos durante horas, pero cuando el dólar se mueve, se termina la sobremesa.

El mercado todavía no está diciendo que Milei pierde. Está empezando a cobrar por algo bastante más simple: que el modelo vuelva a estar en discusión.

2027 parece lejos. Pero acá las elecciones son como el olor a tortilla recién salida del horno: mucho antes de verla, ya sabés que está cerca.

Y por alguna razón, el mercado ya empezó a sentir ese aroma…

 

Regina María Martinez Riekes. 

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