07/09/2026 |
Economía y Mercados | Lunes 7 de Septiembre de 2026: El largo plazo también llega
Buen día, queridos tomadores de riesgo. Caputo fue al G20 a vender el caso argentino. Volvió a Iguazú y dijo que Argentina ya es un «país modelo». Milei cerró el IAEF hablando de credibilidad, reglas y del «cachetazo del mercado» que recibiría quien intente volver atrás. Hasta Jorge Brito apareció en escena: consultado sobre una […]

Buen día, queridos tomadores de riesgo.

Caputo fue al G20 a vender el caso argentino. Volvió a Iguazú y dijo que Argentina ya es un «país modelo». Milei cerró el IAEF hablando de credibilidad, reglas y del «cachetazo del mercado» que recibiría quien intente volver atrás. Hasta Jorge Brito apareció en escena: consultado sobre una candidatura en 2027, respondió que «el tiempo dirá» y las especulaciones, naturalmente, quedaron completamente despejadas.

Mientras tanto, los precios hicieron algo bastante más concreto: el riesgo país terminó cerca de 490 puntos, los bonos mejoraron y el Merval ganó casi 4% en dólares durante la semana.

El pequeño problema es que mientras los activos empiezan a ponerle precio a una Argentina más normal, la economía real todavía tiene que demostrar que puede acompañarlos.

 

De la estabilidad al crecimiento

No casualmente ése fue el lema de la Convención Anual del IAEF.

Caputo había llegado unos días antes al G20 con números contundentes: el RIGI acumula aproximadamente USD 50.000 millones en proyectos aprobados y otros USD 150.000 millones en evaluación, según sus declaraciones. La tesis es conocida: equilibrio fiscal, desregulación, menor Estado y capital privado haciendo el resto.

En Iguazú fue un paso más allá: sostuvo que Argentina no necesita acudir al mercado internacional para financiar 2026-2027 y que el próximo capítulo será bajar impuestos y ganar competitividad.

Después de todo lo recorrido, es razonable que el Gobierno empiece a celebrar resultados. El problema es que ahora la vara quedó bastante más alta. La primera etapa del programa ya tiene resultados para mostrar. La segunda necesita crecimiento.

 

1,7% versus 2,1%

El último REM del BCRA espera una inflación de 1,7% para agosto. Al mismo tiempo, recortó la proyección de crecimiento de 2026 a 2,1%, desde el 2,7% que estimaba un mes atrás. También calcula que la actividad cayó 0,9% desestacionalizado en el segundo trimestre, aunque espera recuperación durante la segunda mitad del año. En criollo: la inflación baja más rápido de lo que la economía crece.

No hace falta convocar todavía a Phillips para que declare sobre el viejo trade-off entre inflación y actividad. Pero el dilema está ahí: hasta dónde puede Economía darle más aire a tasas, crédito y actividad sin desacomodar la variable que sostiene buena parte de la confianza recuperada.

Por eso aparecen tasas algo más bajas, flexibilizaciones para prestar dólares y el nuevo esquema hipotecario con fondos del FGS, cuya primera licitación será esta semana. Ahí habrá que mirar cuánto demandan los bancos y, sobre todo, a qué tasa.

Werning, vicepresidente del BCRA, agregó en el IAEF otro dato menos festivo: irregularidad crediticia alrededor del 7,7%. Planteó que los bancos pueden refinanciar deudas familiares a menores tasas y más plazo, pero dejó una aclaración consistente con el mandato libertario: las pérdidas de una mala decisión de crédito corresponden a quien decidió prestar.

Hace pocos meses discutíamos cuánto podía crecer el crédito. Ahora empezamos a preguntar qué calidad tiene ese crédito. Pasar de no prestar a prestar es una excelente noticia. Después queda esa pequeña formalidad bancaria de cobrar.

 

490 no son 400

El riesgo país volvió debajo de 500 puntos y eso merece atención. Pero también perspectiva. El mercado mejoró. No se enamoró. Y después de nuestra historia, tampoco parece dispuesto a asumir compromisos demasiado rápido.

Caputo puede afirmar que Argentina no necesita volver a colocar deuda afuera. Es una posición cómoda: siempre se negocia mejor financiamiento cuando no parece imprescindible conseguirlo. Pero para que llegue el próximo escalón de valuación ya no alcanza solamente con superávit e inflación descendente. Los inversores van a pedir crecimiento, reservas y evidencia de que estas reglas sobreviven al próximo ciclo político.

James Heckman, el Nobel de Economía que pasó esta semana por Buenos Aires, apuntó exactamente ahí: valoró el rumbo de las reformas y la desregulación, pero puso el acento en que los cambios puedan sostenerse en el tiempo. Argentina sabe de qué habla: la convertibilidad también fue, durante casi una década, una reforma estructural exitosa.

 

Esta semana habla la inflación

Esta semana habrá una prueba bastante más útil que cualquier discurso. El jueves 10, el INDEC publica el IPC de agosto. El REM espera 1,7% y las estimaciones privadas se mueven aproximadamente entre 1,4% y 1,8%.

Si vuelve a quedar debajo de 2%, el Gobierno gana margen para seguir bajando el costo del dinero y darle aire a la actividad. Si sorprende hacia arriba, la conversación cambia rápido. Porque a la inflación argentina ya la declaramos muerta varias veces. Conviene esperar un poco antes de abrir la sucesión.

Afuera, el viernes 11 se conocerá el CPI estadounidense, último dato de inflación antes de la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre. Al mismo tiempo, Trump vuelve a intentar una salida negociada entre Rusia y Ucrania, mientras la tensión con Irán mantiene al petróleo como una variable incómoda. Una guerra parece acercarse nuevamente a una mesa de negociación. La otra continúa recordando que la geopolítica también cotiza.

 

Qué seguir de cerca

Lunes 7: Primera licitación del esquema financiado con fondos del FGS. Importará cuánto demandan los bancos y a qué tasa.

Jueves 10: IPC Argentina. Más allá del número general, la lupa estará en la inflación núcleo. Otro registro debajo de 2% reforzaría la posibilidad de seguir relajando condiciones financieras.

Viernes 11: CPI de Estados Unidos. Último dato de inflación antes de la Fed. Importarán tanto el número como la reacción de Treasuries y dólar.

Riesgo país. Perforar 500 fue una señal. Ahora tiene que permanecer de ese lado. Tocar un nivel y consolidarlo son dos negocios distintos.

Dólar, tasas y reservas. Si la inflación acompaña, ahí estará la verdadera discusión: cuánto se puede aflojar para reanimar actividad sin despertar al dólar ni a los precios.

Petróleo y geopolítica. Porque el escenario internacional sigue teniendo la mala costumbre de participar incluso cuando nadie lo invitó.


El Gobierno ya mostró que puede estabilizar. El mercado empezó a reconocerlo.

Ahora viene la parte menos épica: crecer, acumular reservas, bajar el riesgo país y mantener la inflación debajo de 2%. Todo junto y, preferentemente, sin desacomodar lo que ya funciona.

En Argentina, conseguir una buena noticia nunca fue el problema. El verdadero lujo siempre fue lograr que perdure.

Buena semana.

 

Regina María Martinez Riekes. 

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