Muy buenos días, queridos especuladores.
La semana pasada dejó una postal bastante argentina: afuera el mundo se puso en modo risk-off, adentro MSCI nos volvió a dejar en el banco de suplentes, Adorni presentó la renuncia y el dólar local se calmó. Pero no por iluminación espiritual. Más bien por una combinación de plaza seca, tasas altas e intervención oficial. El paciente respiró, sí. Pero con oxígeno.
El mundo ayudó poco
El contexto internacional no fue amistoso. Después de una semana previa más constructiva, los mercados globales corrigieron con fuerza, liderados por chips e inteligencia artificial. El Nasdaq cayó 4,6%, el S&P 500 cerca de 2%, mientras el Dow aguantó mejor, con una suba de 0,6%, por rotación hacia sectores defensivos.
La narrativa de IA, que venía levitando como si la gravedad fuera una regulación optativa, tuvo su baño de realidad. SpaceX, que había debutado a USD 135, tocó arriba de USD 225 y volvió cerca de USD 153. OpenAI y Anthropic empezaron a mirar 2027 para sus IPOs. Nadie quiere salir a bolsa cuando el mercado, de pronto, recupera una vieja costumbre: preguntar cuánto ganás.
El dato de inflación tampoco ayudó. El PCE de mayo en Estados Unidos corrió al 4,1% anual, con el núcleo en 3,4%. La economía norteamericana sigue demasiado viva para una Fed relajada. Traducción: dólar global fuerte, tasas altas y menos apetito por riesgo.
Ese dato importa para Argentina. El índice dólar tocó máximos de 14 meses y varias monedas emergentes se debilitaron. El real brasileño, el peso mexicano y otras monedas comparables también sintieron el golpe. La diferencia es que acá cada movimiento del tipo de cambio se lee con estetoscopio, electrocardiograma y terapia de pareja.
MSCI: seguí participando
En Argentina, el golpe financiero de la semana fue MSCI. La decisión de mantenernos en categoría Standalone —la más baja del menú— enfrió el entusiasmo que venía acumulando el equity local. Ni emergentes, ni frontera, ni revisión de ascenso. Standalone: algo así como “todavía no, campeón”.
El Merval acumuló cerca de 9% de caída en dólares en la semana. Los ADRs también corrigieron, con bajas importantes en varios nombres. El mensaje fue claro: el mercado podía venir comprando la película de normalización, pero MSCI recordó que para volver al radar internacional no alcanza con relato, riesgo país en baja o entusiasmo de corto plazo. Hace falta acceso al mercado, reglas claras, liquidez y previsibilidad. Detalles menores, como siempre.
Adorni y la institucionalidad de cotillón
A la presión financiera se le sumó una señal política poco saludable: la renuncia de Manuel Adorni. Más allá del nombre propio, el episodio no es bueno para las instituciones argentinas. No solo porque golpea el discurso anticorrupción del Gobierno, sino porque vuelve a mostrar algo más profundo: debilidad política e internas que ya no se procesan puertas adentro, sino a cielo abierto.
Los mercados pueden convivir con tensiones políticas. Lo que no les gusta es la sensación de desorden. Una cosa es un gobierno con discusiones internas; otra, un gobierno que las blanquea en tiempo real, con costos reputacionales, ruido legislativo y dudas sobre la capacidad de ejecución. En Argentina, la confianza siempre llega tarde y se va temprano. No conviene darle motivos para hacer las valijas.
El dólar se calmó, pero no solo
El tipo de cambio oficial terminó estabilizándose cerca de $1.477 después de varios días de presión. Pero la calma no fue exactamente espontánea. Hubo fuerte intervención del BCRA en futuros, con el interés abierto creciendo alrededor de USD 920 millones en junio, y también actividad relevante en instrumentos dólar linked, donde se registró un volumen récord de más de USD 1.100 millones en un día.
En criollo: el dólar se tranquilizó, pero con asistencia. No conviene confundir estabilidad con ausencia de tensión. A veces el paciente está quieto porque está sedado, no porque se haya curado.
El oficial acumuló una suba importante en junio, bastante por encima de la inflación esperada. El blue quedó cerca de $1.515, el MEP en torno a $1.500 y el CCL cerca de $1.547. La brecha sigue contenida, pero el mercado ya no mira el dólar con la misma parsimonia de mayo.
La plaza seca y el arte de administrar escasez
El Tesoro enfrentó una licitación desafiante. Vencían ARS 16,2 billones, de los cuales ARS 15,4 billones estaban en manos privadas. Logró captar ARS 13,2 billones, con un rollover del 81,3%.
No fue una derrota, pero tampoco una vuelta olímpica. Al no renovar todo, se inyectarán cerca de ARS 3 billones al mercado monetario esta semana, lo que debería aliviar algo la liquidez de corto plazo.
La plaza venía muy seca. Las tasas overnight saltaron alrededor de 500 puntos básicos en la semana, hasta niveles cercanos al 25%. Cuando faltan pesos, sube la tasa. Cuando sube la tasa, el carry vuelve a guiñar el ojo. Y cuando el carry guiña el ojo en Argentina, conviene mirar dónde está la puerta de salida.
Lo que viene
La semana próxima tendrá varios focos. En Estados Unidos, será semana corta por el feriado del 4 de julio, pero no menor: se conocerán datos de empleo, ISM manufacturero y hablará Kevin Warsh en el simposio del BCE en Portugal. Todo lo que pueda mover expectativas de tasa será mirado con lupa.
En Argentina, la atención estará puesta en la liquidación de la licitación, la segunda vuelta del Bonar 2028, la dinámica del dólar y el pago de Globales y Bonares del 9 de julio, para el cual el Gobierno ya habría reunido cerca del 85% de los dólares necesarios. También habrá que seguir el impacto político de la salida de Adorni: no por el ruido del día, sino por lo que revela sobre la arquitectura interna del Gobierno.
En síntesis: el mundo se puso más averso al riesgo, el dólar global se fortaleció, MSCI nos dejó en penitencia y la política volvió a recordar que las instituciones no son decorado. La confianza no se decreta: se gana en cuotas y se pierde de contado. Como las reservas. Como la credibilidad. Como la paciencia del mercado.
Buena semana.




