27/08/2026 |
DOBLE CLICK I DEMOGRAFÍA, MERCADOS Y EL NEGOCIO DE VIVIR MÁS MIENTRAS NACEN MENOS
“Es larga la carretera cuando uno mira atrás…” — Sui Generis, Canción para mi muerte Hay una variable que puede cambiar al mismo tiempo cuánto crece un país, quién trabaja, cómo invertimos, cuándo se retira un fundador y hasta a qué edad heredamos. No es la tasa de interés. Es la demografía. Este Doble Click […]

“Es larga la carretera cuando uno mira atrás…” — Sui Generis, Canción para mi muerte

Hay una variable que puede cambiar al mismo tiempo cuánto crece un país, quién trabaja, cómo invertimos, cuándo se retira un fundador y hasta a qué edad heredamos.

No es la tasa de interés. Es la demografía.

Este Doble Click abre una serie de tres entregas alrededor de una misma transformación: vivimos más, nacen menos y seguimos organizando buena parte de la economía, las empresas y el patrimonio con reglas pensadas para otro reloj.

Los mercados, mientras tanto, mantienen su obsesión por lo inmediato: si la Fed bajará 25 puntos básicos, cuánto dará el próximo IPC o qué quiso decir un funcionario cuando encriptó un adverbio. La demografía trabaja distinto. Sin conferencia de prensa, sin ticker y casi sin ruido.

Según Naciones Unidas, la fecundidad mundial cayó a alrededor de 2,3 hijos por mujer y más de la mitad de los países ya está por debajo del nivel de reemplazo. Argentina apuró el trámite: entre 2014 y 2024 los nacimientos cayeron casi 47%.

Al mismo tiempo, vivimos más. Magnífica noticia. Salvo por un detalle: construimos sistemas jubilatorios, carreras laborales y carteras para gente que se moría bastante antes. Pasamos siglos intentando alargar la vida. Lo conseguimos.

“Y diay” —como diríamos en Tucumán cuando llega la parte incómoda—: ahora hay que financiarla.

CUANDO LA PIRÁMIDE DEJA DE SER PIRÁMIDE

Buena parte del futuro ya nació. Los chicos que entrarán a la escuela dentro de cinco años y parte de quienes trabajarán en 2040 ya están acá. Menos jóvenes trabajando y más personas viviendo durante más años complican la vieja pirámide poblacional.

Hay varias formas de cerrar la cuenta: trabajar más años, subir impuestos, bajar beneficios, endeudarse o producir más por persona. Las primeras cuatro garantizan, como mínimo, una sobremesa familiar animada. La quinta se llama productividad. Y ahí cambia la conversación sobre tecnología.

Si hay menos personas trabajando, cada una tendrá que producir más. IA, robots y automatización dejan de ser solamente la vedette del mercado para empezar a cubrir una vacante bastante concreta.

Tantos años preocupados porque los robots venían por nuestros empleos y capaz terminamos nosotros publicando el aviso.

¿SER CONSERVADOR PUEDE SALIR CARO?

La misma longevidad entra en una cartera. Durante años repetimos una regla bastante automática: a mayor edad, menor riesgo. Tiene lógica. El problema aparece cuando también cambia el horizonte. Alguien que se retira a los 65 y vive hasta los 95 tiene treinta años financiando consumo sin salario.

Hoy una letra del Tesoro americano a tres meses rinde cerca de 3,7% anual, apenas por encima de la inflación reciente. Excelente para estacionar liquidez. Bastante más discutible para financiar treinta años. Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿ser demasiado conservador puede terminar saliendo caro?

Depende del patrimonio, el gasto, otros ingresos y el tiempo que ese capital tenga que durar. “Conservador” quizás ya no describa un activo, sino una relación entre patrimonio, horizonte y retorno necesario.

Si vamos a ser menos, tendremos que producir más. Si vamos a vivir más, el capital tendrá que trabajar durante más tiempo.

Argentina tiene las dos discusiones por delante. José María Fanelli lo resume bien: las sociedades tienen que hacerse ricas antes de hacerse viejas. Educación, tecnología, formalización, infraestructura, inversión. La lista no es nueva. La novedad es que ahora tiene reloj. Y ese reloj también corre dentro de las empresas.

Porque no envejecen solamente los países. También envejecen quienes fundaron compañías, concentraron decisiones durante décadas y construyeron alrededor de ellas buena parte del patrimonio familiar.

Si a los 70 llegamos mejor y seguimos perfectamente capaces de decidir, aparece otra pregunta: ¿cuándo hay que entregar el volante? Ese será el próximo Doble Click.

Porque vivir más es una gran noticia.

Pretender dirigir todo para siempre, quizás no tanto.

 

Regina María Martinez Riekes. 

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