26/10/2026 |
Economía y Mercados | Lunes 26 de octubre de 2026: El costo de tener razón
Buen día, queridos tomadores de riesgo. En el mundo emprendedor circula una máxima bastante sensata: equivocate rápido y barato. No porque equivocarse sea deseable, sino porque enamorarse de una hipótesis equivocada suele resultar mucho más costoso que corregirla. En economía ocurre algo parecido, con una dificultad adicional: las decisiones afectan a millones de personas y […]

Buen día, queridos tomadores de riesgo.

En el mundo emprendedor circula una máxima bastante sensata: equivocate rápido y barato. No porque equivocarse sea deseable, sino porque enamorarse de una hipótesis equivocada suele resultar mucho más costoso que corregirla. En economía ocurre algo parecido, con una dificultad adicional: las decisiones afectan a millones de personas y los pronósticos, especialmente cuando quedan publicados en X (ex- Twitter), tienen la mala costumbre de conservar una memoria bastante mejor que la de sus autores.

Javier Milei y Luis Caputo han insistido, con razón, en que la economía debe analizarse con datos y no desde el propio metro cuadrado. Pero la recuperación que debía llegar como un péndulo sigue demorándose y los mejores 18 meses anunciados por el ministro vienen bastante más modestos de lo previsto. Nada de esto borra los avances fiscales, la estabilización monetaria ni el reposicionamiento internacional de Argentina. Simplemente plantea una incomodidad: ¿qué hacemos cuando la realidad no comparte nuestro entusiasmo? Todavía queda un año para las próximas elecciones presidenciales. Tiempo suficiente para revisar algunas hipótesis.

Como «pedo de buzo»

El EMAE de agosto cayó 1,7% interanual y apenas recuperó 0,1% mensual después del retroceso de julio. La tendencia-ciclo, la serie que Caputo ha defendido para interpretar la actividad, acumula cinco meses sin crecer. El nivel está 4,4% por debajo del máximo de marzo y el tercer trimestre se encamina a cerrar en terreno negativo. Milei atribuye buena parte de la desaceleración al contexto externo, mientras Caputo recuerda que la economía permanece por encima de diciembre de 2023. Ambos argumentos son atendibles, aunque ninguno modifica la trayectoria reciente.

La minería crece 11,1%, mientras industria, comercio y construcción retroceden. Es, en parte, el resultado esperable de una economía que intenta reconvertir su matriz productiva. Los sectores con ventajas competitivas atraen inversiones, pero su crecimiento todavía no compensa la debilidad de las actividades tradicionales. La economía que, según Milei, debía subir como pedo de buzo parece haber descubierto que llegar a la superficie lleva bastante más tiempo del previsto.

Finanzas no es economía

La inflación de septiembre fue del 1,9%, después del 1,7% de agosto, un avance notable frente a los niveles heredados, aunque la desinflación perdió velocidad. La confianza del consumidor mejoró apenas 0,8% en octubre, mientras las expectativas futuras retrocedieron 2,6%. El riesgo país, que en julio había llegado a 402 puntos básicos, cerró la semana en 707. Y como si el panorama necesitara algún condimento adicional, Lula fue reelecto ayer en Brasil con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. El mercado, que había apostado a un cambio de gobierno, comenzó a desarmar posiciones: los activos brasileños sufrieron fuertes caídas en las operaciones nocturnas y los ADR argentinos también acusaron el golpe. Un problema adicional para una Argentina que ya venía acumulando los propios.

En contrapartida, las exportaciones alcanzaron un récord histórico de USD 10.036 millones y el BCRA continúa comprando dólares. Un detalle: el crecimiento exportador respondió más a los precios internacionales que a las cantidades. Hay resultados para mostrar. También algunas preguntas que no se responden con un gráfico de reservas.

El equipo económico ha demostrado capacidad para administrar las finanzas públicas, negociar financiamiento y manejar vencimientos. Condición necesaria, pero no suficiente. Porque una cosa es financiar al Estado y otra bastante distinta es conseguir que las empresas quieran invertir, producir y contratar. La debilidad del crédito y la liquidez complica la recuperación del mercado interno, mientras una reforma tributaria de fondo y una agenda más ambiciosa de competitividad siguen esperando turno.

Una mina, un gasoducto o una nueva planta industrial necesitan años para generar retornos, mientras las empresas existentes deben pagar salarios, impuestos y financiamiento todos los meses. Gestionar esa transición sin comprometer la estabilidad conseguida exige bastante más que una buena administración de activos y pasivos. Desregular ayuda, pero eliminar trámites no convierte automáticamente un proyecto inviable en rentable. Las finanzas pueden ordenar una economía. Difícilmente puedan reemplazarla.

En este contexto, el Gobierno volvió a modificar el calendario del Fondo de Asistencia Laboral: su implementación pasó a diciembre y el plazo de carencia se amplió de seis a doce meses. La decisión permite dar más tiempo para adaptar el nuevo mecanismo, aunque sus efectos sobre la contratación y los costos laborales todavía están por verse.

Francia: tampoco por el otro lado

Ni el equilibrio fiscal garantiza crecimiento, ni un Estado generoso garantiza prosperidad. Francia ofrece un contrapunto bastante incómodo: con un gasto público cercano al 57% del PBI y uno de los sistemas de bienestar más desarrollados del mundo, atraviesa protestas, tensión política y una crisis fiscal que ya llegó a los mercados. La deuda pública ronda el 119% del producto, el déficit supera el 5% y el Gobierno de Sébastien Lecornu presentó un presupuesto para 2027 con unos 43.000 millones de euros de nuevos ahorros. Los bonos franceses a diez años llegaron a superar el 5%, niveles que no se veían desde 2002.

La paradoja es que Francia efectivamente redistribuye y reduce considerablemente la desigualdad, pero la insatisfacción persiste. Tocqueville ya había observado que, cuanto más igualitaria se vuelve una sociedad, más intolerables pueden resultar las diferencias que sobreviven. Con una población que envejece, productividad débil y expectativas sociales crecientes, la ecuación fiscal se vuelve cada vez más exigente. El problema trasciende las ideologías: ninguna sociedad puede distribuir indefinidamente una riqueza que no consigue generar. Y a la hora de pagar las cuentas, las convicciones políticas suelen tener una capacidad de financiamiento bastante limitada.

Qué mirar esta semana

El lunes conoceremos el Índice de Confianza en el Gobierno de la UTDT, especialmente relevante para observar cómo evoluciona la percepción política en un contexto de actividad débil. El miércoles decidirá la Reserva Federal y el jueves será el turno del Banco Central Europeo, en un escenario de presiones inflacionarias y tasas internacionales elevadas. El viernes se conocerán las estimaciones preliminares del PBI y la inflación de la eurozona. En Argentina habrá que seguir la licitación del Tesoro, las condiciones del crédito y el comportamiento de los bonos soberanos.

Esta noche, para quienes todavía conservan alguna esperanza de una noticia positiva, se entrega el Balón de Oro. Lionel Messi, a sus 39 años y con 8 premios en su poder, vuelve a estar nominado, aunque las apuestas no lo señalan como favorito. Después de una semana de pronósticos económicos poco felices, quizás convenga confiar en alguien que lleva veinte años dedicándose a desmentirlos.

El Gobierno ha demostrado pragmatismo cuando las circunstancias lo exigieron. No habría razón para que esta vez fuera diferente. La transformación productiva puede ser necesaria y sus resultados seguramente demandarán tiempo. Lo que no puede darse por descontado es que sus plazos coincidan con los del calendario electoral.

En el mundo emprendedor recomiendan equivocarse rápido y barato. En política económica, el problema es que la factura nunca llega solamente a nombre de quien hizo el pronóstico.

Buena semana.

 

Regina María Martinez Riekes. 

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