01/10/2026 |
Doble Click | Cuando ganar millones es apenas el principio
Deportistas, artistas y celebrities pueden generar en pocos años lo que otros tardan una vida en construir. El verdadero desafío empieza después: convertir ese talento extraordinario en un patrimonio capaz de sobrevivir al personaje. Durante un viaje por Europa, según trascendió este año, Tini Stoessel intentó comprar una cartera de 2.500 euros y descubrió que […]

Deportistas, artistas y celebrities pueden generar en pocos años lo que otros tardan una vida en construir. El verdadero desafío empieza después: convertir ese talento extraordinario en un patrimonio capaz de sobrevivir al personaje.

Durante un viaje por Europa, según trascendió este año, Tini Stoessel intentó comprar una cartera de 2.500 euros y descubrió que su tarjeta tenía un límite que ella no había fijado. Los detalles del episodio y buena parte de las cifras que circularon después siguen siendo materia de versiones, pero la escena sirve para abrir una pregunta menos farandulera de lo que parece: ¿cómo puede alguien generar millones y, al mismo tiempo, no tener completamente claro cuánto tiene, dónde está o quién decide sobre ese dinero?

El caso extremo de una celebrity permite mirar un problema particular. Un futbolista, un cantante o un influencer puede generar a los 25 años lo que otra persona acumularía durante cuarenta años de trabajo. Se parece un poco a ganar la lotería, con una diferencia importante: acá hubo talento, disciplina y años de esfuerzo para llegar hasta ahí. Pero desde el punto de vista patrimonial el desafío es parecido. El dinero llega muy rápido y en cantidades extraordinarias, mientras la experiencia necesaria para administrarlo no suele tener exactamente la misma edad que quien lo genera.

Cuanto antes llega la riqueza, más tiempo tiene que durar

En los deportistas esta contradicción es brutal. Un futbolista puede concentrar la mayor parte de sus ingresos antes de los 35 años y tener después otros cincuenta o sesenta años de vida por delante. Con la longevidad aumentando, además, el retiro ocupa una proporción cada vez mayor de la vida. El problema ya no es solamente hacerse rico temprano, sino evitar volverse pobre demasiado temprano también.

Mientras tanto, alrededor del ingreso crece una estructura. Cambia la casa, aparecen viajes, autos, personal y compromisos familiares. Muchas veces también está la familia que acompañó desde antes de que hubiera contratos, representantes o estadios llenos. Ayudar deja de sentirse como una decisión financiera y empieza a mezclarse con gratitud, lealtad y culpa. Decir que no a alguien que estuvo cuando no había nada puede ser más difícil que decir que no a una mala inversión.

Y está la identidad. Para un deportista retirarse no significa únicamente dejar de cobrar un contrato: significa dejar una rutina, un vestuario, una posición social y, muchas veces, aquello que explicó quién era durante veinte años. Reducir el nivel de vida después puede sentirse menos como ordenar números que como aceptar que el partido terminó. Las finanzas personales tienen esa mala costumbre de venir acompañadas de personas.

Ganar mucho no garantiza conservar mucho

La evidencia es contundente. Un estudio de Carlson, Kim, Lusardi y Camerer analizó a jugadores de la National Football League (NFL), la principal liga profesional de fútbol americano de Estados Unidos, un deporte con carreras particularmente cortas e ingresos elevados. Encontró que el 15,7% de los jugadores terminaba presentándose en quiebra dentro de los doce años posteriores al retiro. Más llamativo todavía: haber ganado más dinero o haber tenido una carrera más larga no ofrecía demasiada protección.

Dicho de otra manera: aproximadamente uno de cada seis. No porque fueran necesariamente irresponsables o incapaces, sino porque transformar un ingreso extraordinario y concentrado en pocos años en recursos para financiar varias décadas posteriores es mucho más complejo que cobrar un buen contrato.

Los números ayudan a verlo. Imaginemos un deportista que llega a los 35 años con USD 10 millones para invertir y que construyó una estructura de gastos de USD 1 millón por año. Supongamos además que logra una rentabilidad del 5% anual bruto en dólares. Aun bajo ese supuesto, el capital duraría aproximadamente catorce años. Y estamos siendo generosos: ese 5% todavía tiene que pagar costos de custodia, administración, transacciones, impuestos y toda la estructura necesaria para gestionar ese patrimonio. El número grande sigue siendo grande; simplemente deja de parecer infinito.

Ahí está la diferencia entre generar riqueza y construir patrimonio. La primera depende del talento y de la capacidad de producir. La segunda empieza cuando parte de lo generado consigue seguir trabajando sin necesitar que su dueño siga entrando a la cancha.

Cuando confiar deja de ser suficiente

Existe además otro riesgo, casi opuesto al de gastar demasiado: delegar demasiado. Cuando una carrera empieza a los 14, 16 o 18 años es completamente lógico que los padres, representantes o personas cercanas administren buena parte de las decisiones. Muchas veces ellos fueron quienes sostuvieron la carrera cuando todavía no había nada que administrar.

El desafío aparece cuando la carrera se profesionaliza pero el patrimonio sigue manejándose con la estructura de los primeros años. Preguntar cuánto hay, dónde está, a nombre de quién están las sociedades o quién puede mover cada cuenta puede resultar incómodo cuando quien está enfrente es un padre, un hermano o un amigo de toda la vida. Pero profesionalizar no significa desconfiar de ellos. Muchas veces significa exactamente lo contrario: proteger la relación evitando que confianza, administración y control sean la misma cosa.

Un deportista de elite contrata especialistas para casi todo. Tiene entrenador, preparador físico, médico, nutricionista, representante y abogado. Nadie pensaría que su primo simpático debería ocuparse también de los ligamentos cruzados porque “es de confianza”. Curiosamente, cuando llega el patrimonio, esa exigencia profesional a veces se relaja.

La confianza es una virtud. Como sistema de control, tiene algunas limitaciones.

Cuando los goles dejan de entrar

Gabriel Batistuta sirve como contrapunto argentino, sin necesidad de convertirlo en un manual de inversiones. Parte del dinero generado durante su carrera terminó volcado a una empresa agropecuaria familiar en Santa Fe. Él mismo ha explicado que su padre participa como socio y que el negocio tiene roles definidos; también habló públicamente de haber invertido en la Argentina lo producido durante aquellos años. Las cifras publicadas sobre la cantidad exacta de hectáreas son contradictorias, así que el número importa menos que el concepto: los goles dejaron de llegar, pero una parte de lo construido podía seguir produciendo. Eso es autonomía patrimonial.

El talento puede generar riqueza. Pero preservarla, ordenarla y conseguir que atraviese el retiro, la familia y eventualmente otra generación requiere habilidades distintas. No mejores ni peores: distintas.

Hacerse rico puede depender de una persona extraordinaria. Seguir siéndolo no debería depender de que siga siendo extraordinaria para siempre.

 

Regina María Martinez Riekes. 

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