Todos sabemos que el liderazgo, a menudo, es un camino solitario. Como bien lo expresó Ringo Bonavena: «Todos son amigos, pero cuando te subis al ring, hasta el banquito te sacan». Es precisamente en ese ring donde YPO (Young Presidents’ Organization) se erige como un refugio singular: un espacio de confianza donde la vulnerabilidad se convierte en fortaleza y los pares construyen un ecosistema de apoyo mutuo.
Recientemente, tuve el privilegio de participar en el icónico evento YPO Edge, un crisol de ideas donde la incertidumbre se disipa ante la claridad del conocimiento. El foco: cómo liderar en tiempos turbulentos, navegando entre la geopolítica, la inteligencia artificial, el bienestar y la sostenibilidad.
Los oradores, verdaderos titanes en sus campos, nos llevaron a un viaje intelectual inolvidable. Desde la visión geopolítica de gigantes como Ian Bremmer, Niall Ferguson y Kishore Mahbubani, hasta la sabiduría ancestral de empresas familiares centenarias como Ferragamo y Beretta, quien nos recordó la importancia del legado. ¡Quinientos años de historia!
La música de Felipe Gómez nos unió en una experiencia conmovedora, conectando a más de 2000 líderes de todo el mundo. Y los maestros del bienestar, Mingyur Rinpoche y Cortland Land, nos mostraron el poder de la meditación para aquietar la mente y fortalecer el espíritu. Incluso nos divertimos con los consejos de «Dr. Sleep» (Michael Breus) para optimizar nuestro descanso.
Pero lo que realmente me tocó el corazón fue la honestidad y la vulnerabilidad de los líderes que compartieron sus experiencias más difíciles y transformadoras. Ver a los números uno del mundo revelar sus puntos débiles y encontrar apoyo en esta red fue un testimonio del poder de la conexión humana.
Regresé a casa inspirada, agradecida y con la certeza de que no estamos solos en este camino. Un agradecimiento especial a mi compañero de vida, Facundo Pesa, con quien comparto el sueño de construir un mundo mejor para nuestros hijos.
Me llevo de este evento la reafirmación de que la actitud es el motor de la excelencia, la pasión nos impulsa a superar nuestros límites y la prudencia nos guía para evitar los excesos. Como alguien dijo: «No soy optimista, soy prisionera de la esperanza». Por mi parte, seguiré cultivando mi mente y mi espíritu, aspirando a ser una versión más auténtica y resiliente de mí misma en este caótico mundo, complejo y cambiante
Regina María Martinez Riekes.