Después de tres semanas de silencio (necesario, estratégico y con protector solar), volvemos al ruedo. Y el mundo, como siempre, no defraudó: volatilidad, política comercial y un mercado que ya no sabe si mirar los balances… o los discursos. A veces parecen más rentables los micrófonos que los activos.
🌎 Semana corta, mercados largos (y la Corte Suprema en modo protagonista)
Wall Street trabajó cuatro días por el Presidents’ Day —porque hasta el capitalismo necesita feriados patrióticos— pero comprimió adrenalina suficiente para toda la quincena.
Los índices cerraron al alza tras conocerse que la Corte Suprema anuló los aranceles globales impulsados por la administración Trump. Nada como un límite institucional para devolverle entusiasmo a los traders. La institucionalidad, cuando aparece, también paga dividendos.
El fallo sostuvo que el presidente se había excedido en sus facultades al aplicar tarifas bajo una ley de 1977 y la respuesta de Trump fue inmediata: nuevo arancel global del 15%. Amparándose en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una herramienta diseñada para emergencias en la balanza de pagos, no para rediseñar el comercio mundial. Lo “temporal”, ya sabemos, suele tener vocación de permanencia.
Además, la anulación abrió la puerta a reclamos por al menos USD 130.000 millones en devoluciones. Traducido al castellano financiero: litigios largos, presión fiscal y estudios jurídicos relamiéndose. Porque donde hay conflicto, siempre hay facturación.
El punto no es solo el 15%. Es la señal. Cuando las reglas pueden reescribirse o judicializarse en tiempo real, la inversión se pone en modo cautela. Y los mercados pueden tolerar impuestos; lo que no toleran bien es no saber quién tiene la lapicera… ni cuánto dura la tinta. Ni hablar de las implicancias para nuestro país, después de que hayamos celebrado con tanta alegría la reciente firma de un acuerdo comercial que quedará en suspenso.
En paralelo —porque nunca hay un solo frente— las tensiones entre EE.UU. e Irán volvieron a escena y el petróleo recordó que sigue siendo el activo más sensible del tablero. Cada vez que la geopolítica levanta la voz, el barril hace flexiones.
🇦🇷 Argentina: entre el Carnaval y el invierno que se aproxima
Mientras el mundo discute límites institucionales, nosotros seguimos orbitando reservas, bandas y rulos. Material nunca nos falta. Lo que escasea es el silencio.
La semana fue corta por Carnaval. En el Norte, el diablo —el Pujllay— salió de la tierra para celebrar la abundancia, el trabajo y la vida compartida. No es el mal cristiano; es la fiesta. Se agradece lo que hay. Se baila. Se canta. Después, inevitablemente, se lo vuelve a enterrar.
Porque, como dijo Alsogaray en 1959, “hay que pasar el invierno”. Décadas después, HBO lo sintetizó mejor: Winter is coming. En Argentina, siempre está llegando… incluso cuando todavía estamos en primavera.
En ese clima —festivo afuera, áspero adentro— Diputados aprobó la reforma laboral (135 votos contra 115) tras una sesión maratónica que tuvo más teatralidad que técnica. El proyecto vuelve al Senado luego de eliminarse el artículo sobre licencias médicas y aprobarse la creación del FAL (Fondo de Asistencia Laboral). El oficialismo quiere ley antes del 1 de marzo, para llegar prolijo a la apertura de sesiones.
El mismo día, FATE anunciaba su cierre. Casualidades que no ayudan a la narrativa.
Y ahí apareció el ring.
De un lado, sindicalistas que llevan casi 30 años en el poder —más estables que la reina Isabel— defendiendo un sistema que dice proteger al trabajador mientras lo deja atrapado en aportes compulsivos y empleo formal que no crece hace años.
Del otro, liberales horrorizados con el “proteccionismo” que durante años sostuvo industrias locales, muchos hablando desde la comodidad de distritos que gozaron energía subsidiada, transporte barato y tipo de cambio atrasado para viajar y comprar iPhones contrabandeados en la riñonera.
Tal vez sería saludable que, por una vez, nos saquemos la careta todos.
Las nuevas reglas implican ganadores y perdedores. En este proceso schumpeteriano de destrucción creativa, el problema no es destruir; el problema es que estamos destruyendo más rápido de lo que creamos. Y eso no es teoría. Son plantas que cierran. Son empleos que no migran automáticamente hacia sectores más productivos.
Sí, pagar un tercio del precio en dólares por un bien es atractivo para el consumidor. Es el camino hacia mayor eficiencia. Pero los caminos correctos también pueden ser empinados.
Celebramos la abundancia bajo el diablo del Carnaval… mientras algunas fábricas bajan la persiana. Agradecemos el trabajo compartido, justo cuando el invierno empieza a asomar. Ironías de la Argentina actual.
💰 Mercado financiero local
El notición que hizo sonreír a todas las ALyCs fue la posibilidad de recibir depósitos en efectivo en cuentas comitentes bajo la Ley de Inocencia Fiscal. La CNV adecuó el marco normativo y habilitó lo que, en un país donde el efectivo tiene más kilómetros que muchos funcionarios, suena casi revolucionario: que el cash vuelva al sistema.
Más flexibilidad, más formalización, más mercado de capitales jugando un rol activo. Y sí, entusiasmo doble si el paraguas se llama “inocencia fiscal”.
Mientras tanto, la desinflación avanza… pero más lento de lo que quisiéramos. La postergación del cambio en la canasta del IPC no ayudó a ordenar expectativas. Aun así, las compras de dólares superan los USD 2.400 millones en lo que va del año.
El esquema es claro: estabilidad cambiaria como prioridad, aunque eso implique volatilidad en tasas —visible en la caución a 24 horas—. El dólar tranquilo; la tasa nerviosa.
Cada vez son más los que piden apertura total del cepo: sin restricciones cruzadas y con liberación para personas jurídicas. El Gobierno, por ahora, administra el timing. Porque en Argentina no solo importa el rumbo; importa el momento.
Entre destrucción creativa, reservas que crecen, efectivo que vuelve al sistema y fábricas que cierran, Argentina vuelve a hacer lo que mejor sabe: convivir con la contradicción sin sonrojarse.
El diablo ya fue enterrado. El invierno asoma. Y nosotros, como siempre, invirtiendo con paraguas… aunque todavía brille el sol.




